Una cirugía ocular no comienza en el quirófano. Antes de indicar cualquier intervención es necesario realizar un estudio preoperatorio ocular completo y personalizado. Su objetivo no es solo confirmar si una persona puede operarse, sino conocer las características de cada ojo, detectar posibles factores de riesgo y planificar el procedimiento con la máxima precisión posible. No todos los pacientes necesitan exactamente las mismas pruebas. La valoración puede variar según la edad, los antecedentes médicos, el estado de la visión y el tipo de cirugía prevista, como una operación de cataratas, presbicia, glaucoma o cirugía refractiva.
¿Qué incluye un estudio preoperatorio ocular?
La primera parte consiste en escuchar al paciente. Además de revisar sus antecedentes médicos y oculares, es importante conocer la medicación que utiliza, las intervenciones previas y sus hábitos cotidianos. También se valoran sus necesidades visuales: no requiere lo mismo una persona que conduce habitualmente de noche que otra que pasa muchas horas leyendo o trabajando con pantallas. A continuación, se realiza una exploración oftalmológica. Según el caso, puede incluir las siguientes valoraciones:
Graduación y calidad de visión
Medimos la agudeza visual y la graduación de cada ojo. Esta información permite conocer el punto de partida y detectar miopía, hipermetropía, astigmatismo o presbicia. También ayuda a establecer expectativas realistas sobre el resultado de la intervención.
La córnea debe estudiarse para conocer su forma, curvatura y grosor, especialmente en determinados procedimientos.
Presión ocular, retina y nervio óptico
La medición de la presión intraocular ayuda a identificar posibles factores relacionados con el glaucoma. La revisión de la retina, la mácula y el nervio óptico permite comprobar si existen enfermedades que puedan condicionar la cirugía o limitar la recuperación visual. Cuando está indicado, pueden emplearse pruebas de imagen como la tomografía de coherencia óptica u OCT.
Biometría y cálculo de la lente intraocular
En las cirugías en las que se sustituye el cristalino, como la operación de cataratas o algunos procedimientos para corregir la presbicia, se realizan mediciones específicas del ojo. La biometría aporta los datos necesarios para calcular la potencia de la lente intraocular. Elegir una lente no consiste únicamente en seleccionar una graduación. También hay que considerar la anatomía del ojo, la presencia de astigmatismo, las actividades habituales y las expectativas del paciente respecto a la visión de lejos, intermedia y próxima.
¿Por qué es tan importante la valoración antes de operar?
Un buen estudio preoperatorio permite confirmar si la cirugía está indicada y decidir cuál es la opción más adecuada para cada persona. También ayuda a detectar alteraciones de la córnea, la retina, la superficie ocular o el nervio óptico que quizá deban tratarse o controlarse antes de intervenir.
Además, es el momento de explicar qué puede esperarse de la cirugía, resolver dudas y hablar con claridad sobre sus beneficios, limitaciones y posibles riesgos. La tecnología aporta mediciones muy precisas, pero la planificación también requiere criterio médico, experiencia y tiempo para comprender las prioridades del paciente.
Una planificación diferente para cada ojo
No hay dos ojos iguales y, por tanto, tampoco debería haber dos planificaciones idénticas. En Clínica Olmo llamamos Oftalmología Gourmet a esta forma de trabajar: tecnología avanzada, estudio de seguridad previo, atención personalizada y seguimiento cercano antes y después del tratamiento. Si estás valorando una cirugía ocular en Jaén, solicita una consulta para estudiar tu caso de forma individual.